Este cuadro es pura intensidad y determinación. A través de sus pinceladas vibrantes y el uso magnético de los azules y naranjas, la obra transmite una energía creativa inagotable. Es una pieza que habla de la identidad, del carácter y de la pasión por lo que uno hace. Ideal para espacios donde se busca inspirar fuerza, foco y una personalidad arrolladora.
Pintado en 1889, este es uno de los últimos autorretratos de Vincent. En él, se representa a sí mismo no solo como hombre, sino como artista en pleno oficio, sosteniendo su paleta y pinceles. Fue creado en un momento de profunda introspección mientras estaba en Saint-Rémy-de-Provence. Con su mirada fija y decidida, Van Gogh nos dice que, a pesar de cualquier tormenta personal, su arte es lo que lo mantiene en pie. Es un símbolo de resiliencia y maestría.
Este autorretrato no es solo un cuadro, es el protagonista absoluto de cualquier habitación. Su paleta cromática permite juegos visuales muy interesantes:
En paredes de tonos claros: En fondos blancos, tiza o grises perla, los azules profundos del cuadro "saltan" a la vista, creando un punto focal de majestuosidad y autoridad. La claridad de la pared resalta el contraste con el naranja de su barba, aportando una vitalidad única al ambiente.
Combinación ideal: Al ser una obra con tanto carácter, queda increíble en oficinas, estudios o livings modernos. Combina a la perfección con materiales fríos como el vidrio y el metal, o con maderas oscuras si querés resaltar su lado más clásico y serio.
| 1 cuota de $90.000,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $90.000,00 |
| 2 cuotas de $53.770,50 | Total $107.541,00 | |
| 3 cuotas de $37.335,00 | Total $112.005,00 | |
| 6 cuotas de $21.286,50 | Total $127.719,00 | |
| 9 cuotas de $15.830,00 | Total $142.470,00 | |
| 12 cuotas de $13.320,00 | Total $159.840,00 |
